Roraima/Cuento-aventura 3era y última entrega

Roraima/Cuento-aventura 3era y última entrega

Siguiendo con Roraima, en el año 2009 basándome en la experiencia que vivió mi hija Erika cuando subió a la cima del tepuy.

Me narró con tal pasión cada detalle que quise escribir una historia a partir de sus vivencias y luego darle un toque de fantasía para convertir esta aventura en un cuento inolvidable.

Esta historia tiene mucho de realidad y para ella fue algo fascinante, tanto que yo decidí contarla a mi manera.

Retos de escritor y alcanzar la cima

Primera parte  AQUI

Retos de escritor y alcanzar la cima

Segunda parte, AQUI

Retos de escritor y alcanzar la cima

 

 

 

 

Retos de escritor y alcanzar la cima

 

No sé si me quedé dormida un momento o simplemente era el estado de relajación que me embargaba en medio de la inmensa paz, pero de pronto me pareció ver entre las sombras un rápido movimiento. Era imposible me dije y apenas un momento después tuve la misma sensación. No podía ser un ave ya que el movimiento era del todo silencioso más bien una especie de presagio o presencia.

Extendí la mano con cautela y no toqué absolutamente nada, sin embargo me pareció escuchar una especie de murmullo. El corazón me latía desbocado, y  me repetía que era absurdo temer a la montaña, la sentía cercana a mí, nada malo me podía suceder allí.

—¿Quién está ahí?— me atreví a preguntar, ¿alguien quería gastarme una broma? ¿asustarme quizás? Otra vez el murmullo…

Respire profunda y lentamente y esta vez me pareció ver un reflejo. Esto no podía estar sucediendo, el reflejo pasó y a los pocos segundos volvió a verse ahora más intenso, entonces escuche mi nombre, era Celso que se acercaba con una lámpara.

—¡Aquí estoy! ¡en la cueva!—logré pronunciar con voz un tanto temblorosa.

—Sabía que te encontraría aquí ¿estás bien?

— Si, pero ¿Cómo podías saberlo?

—Tu amiga Ysandra me describió el lugar donde te perdió de vista y supuse que era cerca de esta cueva, la conozco muy bien. ¡Vamos! Nos esperan en el campamento.

—Un momento Celso, ¿realmente conoces este lugar? Sentí cosas muy extrañas mientras esperaba que pasara la noche para poder volver con el grupo.

Celso comprendió que no iba a ser tan fácil tratar de ignorar lo que había sucedido.

—¿Qué sucedió?

—Tal vez solo fue mi imaginación pero vi, o sentí una presencia inexplicable,  unas sombras que pasaban muy rápido frente a mí.

Celso suspiró y me indicó que volviera a sentarme sobre una piedra, justo en el rincón donde había pasado las  últimas tres horas.

—Erika, cuándo te ayudé ayer en el río, pude ver en tus ojos que tú realmente querías sentir la montaña, y sabía que la montaña se haría sentir para ti. Solo ella  puede contarte lo que sabe porque a nadie más podrías creerle  sus misterios. Yo intentaba mirar a Celso, pero solo sentía su presencia en la oscuridad, entonces me tomó la mano y sentí que una gran energía lo inundaba todo, cualquier temor o sensación de peligro quedaba opacada aunque realmente nunca llegué a temer solo a sentir una inmensa necesidad de saber.

 

Retos de escritor y alcanzar la cima

—Esas sombras Erika, son los Amaikok, eres afortunada. Muy pocas personas pueden percibirlos. Son pequeñas criaturas bondadosas e inquietas  que cuidan la cueva, llevan millones de años cumpliendo su labor y sólo en contadas ocasiones se manifiestan. Yo pude sentirlos una vez cuando era niño, subí aquí con mi padre y curioso como tú, me deje llevar por la magia de la montaña y vine a parar a este lugar. Sentí exactamente lo mismo que tú.

Mi padre me contó que desde tiempos inmemoriales los Amaikok habitan en las cuevas de los tepuyes y el Roraima tiene profundas cuevas que se comunican y descienden a sus entrañas, a su esencia milenaria y pura, allí donde jamás nadie ha podido llegar. En ese lugar están ellos, pequeños y veloces, bondadosos e inofensivos. Solo pueden percibirlos las almas puras, yo lo sabía cuándo te vi.

Ahora solo puedes regresar siendo cómplice de los secretos de la montaña y cuando vuelvas, porque volverás, podrás entender con mirada de adulta lo que tu corazón de niña te permite ver y sentir.

De nuevo un fuerte trueno se dejó sentir y la lluvia comenzó su juego alegre de mojar y nutrir cada centímetro de la montaña.

Se tomaron con fuerza de las manos y caminaron en silencio bajo la lluvia.

En el campamento seguían todos sentados en círculo, mojados y silenciosos. Cuando los vieron aparecer, la alegría de saber sana a Erika los llevó a aplaudir y formar un gran alboroto que para nada gustó a los indios, ellos sabían lo que Erika había sentido, y ella quería sentirse en paz para pensar y compartir con la tierra su mística experiencia.

Cuando amaneció seguía lloviendo. Yo sentía tristeza de tener que dejar aquel lugar tan mágico, pero a la vez quería contar a todos las maravillas que había tenido la suerte de poder conocer.

 

 

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Lentamente comenzamos a bajar con mucha precaución ya que el suelo húmedo hacía que las piedras se volvieran resbaladizas. Debimos pasar por un salto de agua que debido a la lluvia había aumentado su caudal.

Lo llamaban el paso de las lágrimas, allí unos de los chicos del grupo se cayó y el resbalón hizo que se torciera un brazo, Terri le preguntó qué llevaba en los bolsillos y muy avergonzado sacó unas piedras de cuarzo, el guía nos había prevenido varias veces, la montaña no perdona a quienes no la protegen. Le prestamos primeros auxilios y le inmovilizamos la extremidad afectada, siguió el resto del camino con nosotras y  Terrique seguía  contándonos  sus historias, la historia de la montaña y del chaman que la cuida, todo muy bonito, impresionante y emotivo.

Cuando estábamos cerca del campamento base me sorprendió que  nos dijera; que ya estábamos fuera de peligro y que él seguiría su camino, más tarde lo volveríamos a encontrar. ¡Nos estaba cuidando!

 

Retos de escritor y alcanzar la cima

El camino que habíamos andado en dos días, debíamos desandarlo ahora en uno, así que cuando llegamos a los ríos ya era de noche y así debimos cruzarlos, en la penumbra. Una hora más de camino y llegaríamos al último campamento. En ese momento traté de repasar lo vivido en los últimos días. Intenté respirar profundo y llenar mis pulmones con el aire de la sabana y grabar muy dentro de mí ese episodio que jamás olvidaría.

En el campamento  nos esperaba parte del grupo, ya que cada uno iba a su propio ritmo, había un ambiente muy agradable, todos estaban felices, cantaban, improvisaban instrumentos musicales, y celebraban haber logrado alcanzar un reto para muchos, un sueño para otros.

Yo sabía que la montaña aún tenía mucho que contarme, ésta había sido tan solo mi primera vez.

Celso se sentía en paz consigo mismo y  había cumplido con Morok. Su padre muchas veces le dijo que algún día conocería un alma de la montaña y  su misión sería hacérselo entender, estaba seguro que Erika era una de las elegidas.

 

 

Retos de escritor y alcanzar la cima

Continuing with Roraima, in 2009 based on the experience my daughter Erika had when she climbed to the top of the tepuy.

She told me with such passion every detail that I wanted to write a story from her experiences and then give it a touch of fantasy to turn this adventure into an unforgettable story.

This story has a lot of reality and for her it was something fascinating, so much so that I decided to tell it in my own way.

 

Retos de escritor y alcanzar la cima

I don’t know if I fell asleep for a moment or if it was just the state of relaxation that was seizing me in the midst of immense peace, but suddenly I thought I saw a quick movement in the shadows. It was impossible, I said to myself, and just a moment later I had the same feeling.

I stretched out my hand cautiously and did not touch anything at all, yet I seemed to hear a kind of murmur.My heart was beating out of control, and I kept telling myself that it was absurd to fear the mountain, I felt it close to me, nothing bad could happen to me there. Again the murmur… I breathed deeply and slowly and this time it seemed to me to see a reflection.

This couldn’t have been happening, the reflex passed and a few seconds later it became more intense now, so I heard my name, it was Celso who came up with a lamp.

– Here I am! in the cave! – I managed to pronounce in a somewhat shaky voice.

– I knew I would find you here, are you all right?

– Yes, but how could you know?

– Your friend Ysandra described to me the place where she lost sight of you and I assumed it was near this cave, I know it very well. Come on! They’re waiting for us at the camp.

-A moment Celso, do you really know this place?

Celso understood that it wasn’t going to be so easy to try to ignore what had happened.

What happened?

Maybe it was just my imagination but I saw, or felt an unexplainable presence, shadows that passed very quickly in front of me.

Celso sighed and told me to sit on a stone again, right in the corner where I had spent the last three hours.

Erika, when I helped you yesterday in the river, I could see in your eyes that you really wanted to feel the mountain, and I knew that the mountain would be felt for you. Only she can tell you what she knows because no one else could believe her mysteries. I tried to look at Celso, but I only felt his presence in the darkness, then he took my hand and I felt that a great energy flooded everything, any fear or sense of danger was overshadowed even though I never really got to fear only to feel an immense need to know.

 

-Those shadows, Erika, are the Amaikok, you’re lucky. Very few people can perceive them. They are small, kind and restless creatures who take care of the cave, they have been doing their work for millions of years and only rarely manifest themselves. I could feel them once when I was a child. I came here with my father and curious like you, I let myself be carried away by the magic of the mountain and I came to this place. I felt exactly the same as you. My father told me that since time immemorial the Amaikok live in the caves of the tepuyes and the Roraima has deep caves that communicate and descend to its bowels, to its millenary and pure essence, where no one has ever been able to reach. There they are, small and fast, kind and harmless.

Now you can only return being an accomplice to the secrets of the mountain and when you return, because you will return, you will be able to understand with an adult look what your child’s heart allows you to see and feel.

Once again, a strong thunder was heard and the rain began its joyful game of wetting and nourishing every centimeter of the mountain.

In the camp they were still seated in a circle, Wet and silent when they saw them appear, the joy of knowing Erika healthy led them to applaud and form a great uproar that the Indians did not like at all, they knew what Erika had felt, and she wanted to feel at peace to think and share her experience with the land.

When it dawned it continued raining. I felt sad to have to leave such a magical place, but at the same time I wanted to tell everyone about the wonders that I had been lucky enough to know.

We had to go through a waterfall that due to the rain had increased its flow, they called it the passage of tears, there some of the boys in the group fell and the slip made an arm twist, Terri asked him what he had in his pockets and very embarrassed he took out some quartz stones, the guide had warned us several times, the mountain does not forgive those who do not protect it.

We gave her first aid and immobilized her affected limb, she followed the rest of the way with us and Terrique continued telling us her stories, the story of the mountain and of the shaman who takes care of her, all very beautiful, impressive and emotional.When we were near the base camp I was surprised that he told us; that we were already out of danger and that he would continue his way, later we would find him again.

He was taking care of us! The way we had walked in two days, we had to undo it now in one, so when we arrived at the rivers it was already night and so we had to cross them, in the darkness. One more hour on the way and we would arrive at the last camp. At that moment I tried to go over what I had experienced in the last few days.

I tried to take a deep breath and fill my lungs with the air of the savannah and record that episode I would never forget deep inside me. At camp we were awaited by part of the group, as each one went at his own pace, there was a very pleasant atmosphere, everyone was happy, sang, improvised musical instruments, and celebrated having achieved a challenge for many, a dream for others.

Celso felt at peace with himself and had fulfilled Morok, his father many times told him that someday he would meet a mountain soul and his mission would be to make him understand it, he was sure that Erika was one of the chosen ones.

Traducido mediante DEEPL

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Escritores 1.0

@evagavilan

Todas las fotografías fueron tomadas en el lugar que aquí se describe y pertenecen a Erika García

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