Cuentos de Anita/Las lavanderas

Cuentos de Anita/Las lavanderas

Amigos de Steemit,

Los amigos de @freewritehouse tuvieron una excelente idea. Motivarnos a preservar las historias de nuestros pueblos y los cuentos de nuestros mayores.Todo esto lo podemos lograr a través de este VENTEST y yo no quiero perdérmelo.

Puedes participar siguiendo las bases AQUÍ

Esta vez mi querida  Anita Parejo me contó como lavaban la ropa las muchachas en el siglo pasado. Específicamente ella se ubica contando sus historias en Cumaná.

Los invito a acercarse a esta ventana mágica para asomarnos juntos a nuestro pasado.

Retos de escritor y alcanzar la cima

Fuente

 

Ella me cuenta con su mirada perdida en un pañuelo, como hilando los recuerdos en el encaje. Parecen cuentos de otras tierras y es que han pasado mas de noventa años y ella fue testigo de muchos eventos que ahora nos quiere contar.

Con su voz temblorosa comienza a explicar que las muchachas iban a lavar al río a un lugar que se llamaba Puerto Toporo…

Retos de escritor y alcanzar la cima

Si mija… Puerto Toporo era un afluente del río Manzanares, quedaba cerca del lo que hoy se conoce como «El parque Ayacucho» y allí muy cerca se ubicaba el hospital. Era el hospital de los Capuchinos y lo atendían los padres; esos que tenían el habito con un cordón amarrado. Las monjas tambien colaboraban allí y ayudaban a sanar a los enfermos. El hospital se encontraba ubicado en la calle Cantaura.

A esa parte del río iban las muchachas a lavar, caminaban desde Caiguire con las cestas llenas de ropa. Desde mi casa iban dos muchachas que tenía mi mamá para ayudar en las cosas de la casa. Ellas se  pasaban todo el día allá, lavando en las piedras del río.

Para lavar y blanquear la ropa usaban una paleta de costilla de res para restregar la ropa y también un cardón, lo pelaban y le quitaban las espinas y ese vegetal echaba espuma como un jabón.

Cuando el río crecía se ponía como chocolate, entonces para lavar tenían que echar alumbre en el agua y ese barro se asentaba en el fondo y el agua se ponía clarita.

Ellas, las muchachas iban recalando en la tarde cuando terminaban de lavar. Para ese entonces eran muchos los cuentos y los chismes que habían echado. Era bonito, era muy bonito con toda esa naturaleza. Tu ibas al hospital y salías un poco hacia afuera y ahí estaba el río, y corría tranquilo entre las piedras.

Son mis pensamientos mijita, que me devuelven a las cosas que me rodeaban antes.

También recuerdo otras cosas, tengo en mi memoria un gran destilador en mi casa. No podíamos tocarlo sin permiso, era un tinajero muy bonito. Mi papá le había mandado a hacer una tapa de zinc y tenía unos ganchos para que nadie le pegara la boca. Una sacaba el agua con eso, y estaba friita siempre. Arriba tenia  la piedra del destilador y estaba llena de pequeñas plantas de berro, abajo tenía el botijón donde caía el agua destilada.

 

Retos de escritor y alcanzar la cima

Foto del río Manzanares al atardecer tomada con Apple Iphone X

Así pasamos la tarde, ella cantando tangos, recordando a Gardel, y echando sus cuentos. Yo tomando café y escuchando sus relatos admirada por su memoria y por lo apacible que parecía ser la vida entonces.

Tengo muchos deseos de que llegue el próximo fin de semana, a ver que historia se anima a compartir con nosotros mi viejita querida.

Para afianzar un poco más este relato, encontré este fragmento que cita parte de lo aquí contado.

“don Antonio” hizo verdaderos prodigios y servicios de caridad cristiana, recibiendo a los enfermos en su hospital, curándolos y ayudándolos a morir cristianamente; por esta razón humanitaria le donó su “chara”,(2) a los frailes capuchinos para que la utilizaran como hospicio, y para los que no entiendan este término cumanés, se trata de una finca o chacra, que tenía para el sustento de él y su familia, en las orillas del río, como muchas otras familias de la Cumaná de antier; se la cedió pues, a los capuchinos, que prestaban servicios gratuitos al pueblo; para convertirla en hospicio, como así fue. Dice Ramos Martínez: “La casa y la capilla rurales que poseía a orillas del Manzanares, junto con los ornamentos y enseres necesarios para el culto, los donó a los misioneros capuchinos, con el objeto de que éstos tuviesen allí enfermería y hospicio, y de que los habitantes de las charas no quedasen privados de la facilidad de oír Misa en los días de precepto, ni de los otros consuelos espirituales que les proporcionaban, al tenor de las facultades que le habían sido concedidas por los Superiores eclesiásticos”.

Fragmento de La Memoria Histórica de Cumaná por Ramón Badaraco

Fuente

No perdamos nada del pasado.

Sólo con el pasado se forma el porvenir.

– Anatole France

Otros recuerdos de Ana Parejo

Pasear la luna, un recuerdo de ayer.

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